El Casino prohíbe a un socio acceder en silla de ruedas eléctrica

La entidad dice que podría causar algún accidente y le autoriza con carro manual

monòver monóvar

Un socio de la Sociedad Cultural Casino de Monóvar se considera "maltratado, humillado y discriminado" por la incapacidad física que sufre al impedirle la directiva acceder a la zona exterior ajardinada y los salones interiores de la entidad en una silla de ruedas eléctrica.

Tomás Poveda es el socio número 1.631, tiene 72 años y a los 62 le detectaron Parkinson, una enfermedad degenerativa que desde hace ocho meses le ha obligado a utilizar una silla de ruedas a motor que puede alcanzar una velocidad máxima de 6 kilómetros/hora.

Sin embargo, los responsables del Casino de Monóvar le han prohibido circular por las instalaciones con su moderno carro porque podría atropellar a niños y personas mayores, además de que los estatutos de la entidad impiden el acceso de cualquier socio con vehículos de tracción mecánica -patines, triciclos y bicicletas- "y mucho más con vehículos a motor", según indica en un escrito el presidente de la sociedad, Fernando Quiles, quien descarta cualquier tipo de discriminación sobre los socios con discapacidad. "Si este señor quiere entrar al Casino lo puede hacer perfectamente en una silla manual que ponemos a su entera disposición.

Pero lo que no vamos a permitir es que incumpla nuestro marco estatutario, cause un accidente que nuestro seguro no cubriría, genere todo tipo de molestias y perjuicios en el resto de socios y se dedique, como lo ha hecho, a montar a su nieto en el vehículo para darle vueltas por la terraza mientras resulta que sí que puede caminar porque, en realidad, no está tan impedido como dice", advierte el presidente.

No opina lo mismo el afectado. "El problema es que a los de la directiva y a unas cuantas personas de edad avanzada nada les parece bien y hasta les molesta que pueda ser por el momento autónomo con mi carrito y todavía pueda caminar algo sin él", indicaba Tomás Poveda a las puertas del Casino acompañado por su mujer, Laura Pastor. Ambos lamentan que se compare su silla de ruedas con una bicicleta o unos patines. "Mi marido no utiliza este vehículo por gusto o para jugar. Me parece ridículo que se diga que con él pueda atropellar a alguien pero también me parece despreciable que se ponga en duda la minusvalía de más del 33 por ciento que sufre y que ya se les ha demostrado entregándoles un certificado que lo acredita", manifiesta una dolida Laura.

Tomás asegura, por su parte, que se está incumpliendo la ley, pide al Casino un trato humano, ruega que cesen las humillaciones y expresa un deseo en voz alta para sus responsables: "Que no os veáis nunca enfermo como yo".

PÉREZ GIL

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Fecha: 05-Ago-2008